Carmen Navarro Amador

El tema de los mochileros tiende a ser un mito lleno de prejuicios. Se dice que aquella persona que viaja de mochila es porque no le alcanza para una buena maleta, duerme en hostales porque no tiene dinero para pagar un hotel de “calidad”, come latas de atún y si bien le va, se baña cada tercer día.

Sin embargo, ser mochilero no es sinónimo de ser un viajero pobre. Ser mochilero es más una actitud ligera, así como el equipaje que se pretende cargar. Por lo regular, los viajes de mochila son largos y traer una mochila facilita el traslado.

En cuanto a los presupuestos de un mochilero para nada son de pobre o vagabundo, si bien, viajar de mochilazo es para hacer rendir el dinero y poder estar más tiempo en el lugar de destino.

Tener alma de mochilero es querer vivir la aventura y las ganas de llegar a lo desconocido, dejando atrás el miedo de permanecer algunos días sin comodidades. Dentro de todos habita ese espíritu aventurero, pero en unos reluce más que en otros.

Al final de todo se trata de hacer una inversión inteligente, en la que se pueda disfrutar el viaje, aprender, conocer nuevos horizontes y recolectar experiencias, sin importar la manera y la categoría.

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